Brindis Hace unos años, en Boston, una curda por la distancia y los idiomas, me dejó escuchar algunos brindis de ojos mojados (todos estábamos en la misma) Unos días después, ya recuperado, les pedí a los que brindaron, que me los copiaran. Acá están, son viejos brindis, especiales para estos días: Old wood to burn, Old books to read, Old wine to drink, Old friends to trust. A toast to your coffin. May it be made of 100 year old oak. And may we plant the tree together, tomorrow. May you never lie, cheat or drink But if you must lie, lie in each others arms And if you must cheat, cheat death But if you must drink, drink with all of us, because we love you! Times are hard, And wages are small, So drink more wine, And screw them all
Elogio de la mujer con yeso La mujer con yeso camina más lento, es cuidadosa, tiene sus brazos en continuo movimiento preciso, cuidador, como si en cualquier momento fuera a necesitarlos para no caer. Como si nadara en el aire. La mujer con yeso se pega a uno cuando camina a su lado. Y es lindo sentir que caminar al lado de la mujer con yeso le da a uno la sensación de ser necesitado por la mujer con yeso, aunque más no sea para cuidarla de las baldosas ladinas. La mujer con yeso puede tomarte del brazo, y eso no será más que un apoyo, o quizá una forma sutil (tan propio de la mujer con yeso) de tener una excusa para tomar tu brazo a plena luz del día, cosa que no se permitiría sin esa condición de mujer con yeso. Tiene una elegancia airosa, la mujer con yeso. Y un enigma. ¿Cómo se lo hizo? Te preguntás cuando la vez. Y ahí nomás imaginás las circunstancias que rodearon el momento en el cual, la mujer con yeso se convirtió en la mujer con yeso. Si fue por amor, por desdén, por d...