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Brindis

Brindis Hace unos años, en Boston, una curda por la distancia y los idiomas, me dejó escuchar algunos brindis de ojos mojados (todos estábamos en la misma) Unos días después, ya recuperado, les pedí a los que brindaron, que me los copiaran. Acá están, son viejos brindis, especiales para estos días: Old wood to burn, Old books to read, Old wine to drink, Old friends to trust. A toast to your coffin. May it be made of 100 year old oak. And may we plant the tree together, tomorrow. May you never lie, cheat or drink But if you must lie, lie in each others arms And if you must cheat, cheat death But if you must drink, drink with all of us, because we love you! Times are hard, And wages are small, So drink more wine, And screw them all
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Elogio de la mujer con yeso

Elogio de la mujer con yeso La mujer con yeso camina más lento, es cuidadosa, tiene sus brazos en continuo movimiento preciso, cuidador, como si en cualquier momento fuera a necesitarlos para no caer. Como si nadara en el aire. La mujer con yeso se pega a uno cuando camina a su lado. Y es lindo sentir que caminar al lado de la mujer con yeso le da a uno la sensación de ser necesitado por la mujer con yeso, aunque más no sea para cuidarla de las baldosas ladinas. La mujer con yeso puede tomarte del brazo, y eso no será más que un apoyo, o quizá una forma sutil (tan propio de la mujer con yeso) de tener una excusa para tomar tu brazo a plena luz del día, cosa que no se permitiría sin esa condición de mujer con yeso. Tiene una elegancia airosa, la mujer con yeso. Y un enigma. ¿Cómo se lo hizo? Te preguntás cuando la vez. Y ahí nomás imaginás las circunstancias que rodearon el momento en el cual, la mujer con yeso se convirtió en la mujer con yeso. Si fue por amor, por desdén, por d...

Ellos dos

Ellos dos Un poco de poesía entre tanto anuncio de pan dulce y autos económicos y paquetes turísticos y obras y tantas cosas lindas que nos pasan. “Rozarte justo ahí por acercarme. Mirarte de costado aunque más hondo Saborearte...” Una escena que sucede en un camino de frontera desierto, hay un fondo de guitarra sola, lenta, tocando alguna melodía mejicana y un sol que raja la tierra y seca los labios y los ojos. Es una de esas fronteras que dan miedo cruzar con gente de Raybans espejados, que vigila aunque no se dejen ver Aunque los dos tienen miedo, ese miedo que llena de cosquillas, se intuye una constelación de pecas de mensaje indescifrable y antiguo. Y un fuego que no quema, todavía. Son optimistas. Ellos dos son optimistas y son imanes de cosas y de gentes y no pueden con la pregunta (como cuando eran chicos en la escuela) aunque creen que saben la respuesta, no tienen idea cómo será el instante después. Aunque si cierran los ojos, seguro saborean dulzuras parecidas y rel...

Detesto a los que sirven el helado

Detesto a los que sirven el helado Detesto sus movimientos, su autosuficiencia, su coreografía milimétrica. En estos días insoportables de Noviembre, más lejos que nunca de las nueces y los budines, nos preparamos para otra calurosa navidad en Buenos Aires. Eternamente templada y húmeda, cuándo nos dejaremos de joder y haremos culto a las papayas y los mangos. Mientras tanto, cada vez voy menos a las heladerías para no encontrarme con ellos... Lo miro a los ojos, él me esquiva, nunca mira directo a los ojos. Hay mucha gente en el local, mucha, empieza la primavera y el local está que rebalsa. A las 1315 hierve de gente que terminó de comer y quiere un helado para la vuelta al escritorio. Ellas ya mostrando curvas, ellos en camisa. Y el no mira a nadie, habla con sus compañeros, de temas triviales que no adivino. Hay risas calladas. Miradas de costado. Y comienzan el show. La danza. Los movimientos sensuales, precisos, insoportables. Un cuarto de moka y chocolate amargo. Sigue s...

No hay nieve (cuento de navidad)

Cuento de Navidad Se acercan las fiestas y se repiten las rutinas, las familiares, mirar "Qué bello es vivir" con devoción ritual uno o dos días antes del 24 y a veces, cuando aparece, escribir un cuento de navidad. Este es el del año 2006, claro. No hay nieve, en Buenos Aires no hay nieve en navidad, y ese fue el problema, no el amor. Así Nicanor dio por terminada la discusión. Dura, triste discusión que se extinguía ese 24 de Diciembre en el bar. Rómulo y Remo, de Parque Chas, y que tuvo como protagonistas acalorados, sudados, a los 5 amigos más cercanos de quien en vida fuera José Evaristo Trebotic. Pepe para ellos, sus amigos, el ruso para el resto del mundo, quienes además desconocían que Trebotic es apellido croata, del lado de allá de los Urales. Hay nieve en Qué bellos es vivir, de Capra, hay nieve en El Ciudadano, de Wells, hay nieve en toda película de navidades que precie de tal. Hay nieve que invita al fuego, a la ciertos platos y confituras calóricas, hay ...

La noche de Sandra Mihanovich

La noche de Sandra Mihanovich Dicen los que mintieron conocerlo de antes, que le gustaba decir en voz alta "dos más" cuando jugaba al tenis y pegaba la pelotita en la red, como si él mismo dictara las reglas. También le gustaba escribir en los baños públicos ecuaciones matemáticas y hablar de la segunda tópica psicoanalítica con los mozos de los bares que frecuentaba y los que no (todos asturianos, decía) Usaba una extraña boina con arabescos, del estilo hindú y ropas oscuras y por supuesto, ocasionalmente, anteojos redondos. Esa noche llegué un poco tarde a la reunión. Secretamente, y con distintas excusas (todas absurdas, a mí por ejemplo me invitaron con el pretexto de agasajar a un amigo que venía desde otro País por unos días) estábamos convocados en ese departamento enclavado en el centro de la ciudad a las diez u once de la noche. Fuimos llegando, silenciosos, guardando celosamente para cada uno la razón por la que estábamos ahí. Nos mirábamos, intentábamos reco...

Acción de gracias

Acción de gracias Hace un mes que nuestros teléfonos sonaron para traernos esa noticia que no quisimos escuchar ni creer. Y la ironía que nosotros, justo nosotros, gente de la comunicación, quisimos ese día que la comunicación no existiera. A un mes el dolor se transforma y para nosotros, sus colegas, es una silla vacía, una anecdota (siempre con una risa asociada) un teléfono que no vamos a marcar otra vez. A todos los que hoy estamos acá, que no lo conocimos a Diego ni como padre, ni como hijo, ni como esposo, ni como hermano, sino como colega, su partida nos dejó un dolor inmenso y esa sensación de impotencia tan difícil de explicar y tan parecida a la bronca. Pero este es el momento de la acción de gracias, y tenemos muchas para dar, que espero resumir: - Gracias por habernos permitido andar parte del camino juntos - Gracias por esa noche, la de tu despedida con el Grupo Kolbe en la que, como nunca antes habíamos hecho, nos pusimos serios y brindamos mirándote a los ojos (vo...